Dale forma a tu vida

Todos los días la misma rutina: suena el despertador, abres los ojos. Aún no sabes muy bien donde estás, pero tu cerebro ya se dispara mostrándote la lista de tareas, problemas sin resolver, obligaciones, gente con la que tienes que reunirte aunque no la soportas,… ¿Te apetece? No, por supuesto. Pero es lo que hay. Sientes tristeza, enfado, apatía. Le das al café porqué te has creído que sin él no puedes empezar a funcionar. Así que, sumas un excitante a los químicos nocivos que ya genera tu cerebro, por si solo, y te pones en marcha. Sales de casa con el ceño fruncido y casi sin saludar a tu pareja, a tu familia. Tienes prisa por llegar a tu lugar de trabajo y no tienes nada que contarles. Tu mente ya no está ahí, se ha trasladado a la oficina donde te espera una larga y estresante jornada laboral. ¿Te apetece? No, por supuesto, pero de nuevo, es lo que hay. 

Hace mucho que, inconscientemente, escribiste el libro de tu vida. Desde pequeño te enseñaron que hay de cumplir con las obligaciones, que tienes que ser productivo; que hay que trabajar duro para ganarse la vida, que debes esconder tus emociones para quedar bien con la sociedad. Y quizá te lo inculcaron “a fuego”, de forma traumática, a base de castigos y sentencias.

Pasan los días, las semanas y poco a poco vas notando que algo no funciona como debería. A veces, sientes que el pulso se te dispara. A veces, notas que te enfadas con mucha facilidad. Cada vez sufres más de dolores de cabeza, de hecho, ya te has acostumbrado a llevar encima unos cuantos analgésicos para superar estas situaciones rápidamente, sin pensar en ello. Tu prioridad es el trabajo y no te das cuenta de los “toques” que te manda tu cuerpo, avisándote de que algo anda mal, hasta que llega “el susto” y enfermas o sufres una crisis existencial. 

¿Te sientes identificado? Probablemente. Dice el filósofo, Byung-Chul Han que las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama patológico de comienzos del siglo XXI . Vivimos en automático según las reglas del juego que nos han enseñado, sin prestarnos atención como personas. Dedicamos mucho tiempo a dar forma a lo que hacemos cotidianamente pero ni un minuto a pensar qué forma damos a nuestra existencia aunque, en el fondo, sintamos que nada tiene sentido. Y además, vivimos constantemente con miedo.

En alemán, la palabra forma se traduce como Gestalt. Este es el nombre de una de las psicoterapias más efectivas para el desarrollo personal y que está ganando  cada vez más adeptos. Surgió a mediados del siglo XX de la mano del médico y psiquiatra, Fritz Perls. Partiendo del psicoanálisis de Sigmund Freud, diseñó una terapia que incluye principios de disciplinas espirituales y energéticas orientales, centrando el núcleo de la sanación en el propio individuo.

A diferencia de la psicología tradicional en la que el terapeuta interpreta síntomas y manda ejercicios al paciente, la psicoterapia Gestalt busca el empoderamiento de la persona para que, por sí misma, se dé cuenta de los bloqueos que impiden el fluir de su vida y tome la responsabilidad de eliminarlos. Claudio Naranjo, uno de los gestaltistas más destacados, afirma que la responsabilidad no es un deber sino un hecho inevitable. Somos los actores responsables de cualquier cosa que hagamos. Nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla. Y percatarse de la verdad, nos cura de nuestras mentirasEse “darse cuenta”, según la terapia Gestalt, es identificar creencias y patrones que se formaron en la infancia y que han dado forma a nuestro ahora de forma automática, sin nuestro consentimiento consciente. 

El terapeuta Gestalt va acompañando a la persona para ir eliminando emociones y sentimientos enquistados en lo más profundo de su consciencia y así, mejorar su salud emocional y física. En la cultura japonesa, este proceso se conoce como “satori”, un camino de auto-comprensión para limpiar todos los bloqueos que impiden mostrar al mundo nuestro auténtico ser.

En la actualidad, cada vez son más los estudios científicos en disciplinas como la neurociencia o la epigenética, que corroboran los principios de la Gestalt. A medida que entendemos mejor cómo funciona el cerebro y la interrelación de este con el resto del organismo, se va confirmando la necesidad de abordar la salud humana de forma holística, teniendo en cuenta la química que generan las emociones. Según explica el médico y divulgador, Deepak Chopra, la química del cerebro es la clave para entender qué pasa en el cuerpo y en tu vida interior. Los químicos que genera el cerebro influyen en el sistema inmunológico. Así pues, tomando consciencia de todo lo que somos y superando creencias y patrones de funcionamiento podemos reescribir el libro de nuestra vida, dándole la forma, la Gestalt, que nos llevará a la salud plena.

Y tu, ¿qué forma le das a tu vida? Nos encantará leer tus comentarios.

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