Te abrimos las puertas de nuestro espacio y queremos que te sientas como en casa.

Equipo de Terapeutas

Toni Puig

Todos somos el resultado de nuestras experiencias pasadas, de lo que nos enseñaron en la infancia, de los traumas y alegrías que vivimos. En mi caso, tuve una infancia sin infancia. Suena incoherente, pero se entiende si te cuento que nací en una familia numerosa con un pequeño negocio, una librería, que estaba abierta de lunes a sábado. Todos teníamos que echar una mano y ya de pequeño, aprendí lo que es trabajar largas horas con las obligaciones que conlleva. El día de fiesta, tampoco podía «hacer de niño» porque tocaba ayudar en la limpieza de la casa.

Compaginé el trabajo de ayudante de libreros con los estudios obligatorios pero, cuando llegó el momento de decidir qué quería ser de mayor, no supe qué escoger y opté por continuar lo que me parecía que era mi camino: trabajar. Y lo hice desmesuradamente, de lunes a domingo.

Ser hijo de alguien, mi padre, con carácter autoritario y acostumbrado a dar órdenes esperando que se cumplan sin quejas ni demoras, te infunde un alto sentido de exigencia y responsabilidad contigo mismo. Así que, consciente o inconscientemente, me aplicaba a fondo en mis quehaceres laborales de manera que, en todos los puestos promocioné a categorías superiores. Pasé años dedicado al trabajo sin objetivos, más allá de los puramente económicos para poder vivir y formar mi propia familia.

Cuando decides compartir tu vida con otra persona, tus deseos y necesidades dejan de ser lo único que te mueve. De pronto, aparecen nuevos factores en la ecuación, nuevos espejos que reflejan tu interior con todas las luces y las sombras. Yo llegué ahí de golpe, sin libro de instrucciones que me indicara cómo funciona todo esto. Sin saberlo, estaba entrando en mi «noche oscura del alma».

Decidí parar a escucharme y lo hice a través de la Terapia Gestalt. Paso a paso, empecé a darme cuenta de los resortes internos, de la importancia de «hacer limpieza» en mi trastero para entender la vida y entenderme a mi mismo. El cambio fue rotundo, hasta el punto de decidir que ese era el camino que quería tomar y dediqué más de 4 años a formarme como terapeuta. Lo hice en Aula Gestalt con Albert Rams y Cristina Nadal.

Toni

Hay muchos caminos para el autoconocimiento pero yo opté por la Gestalt porque la formación te exige someterte a tratamiento durante más de 2 años. Esto me aportó, además de autoconocimiento, mucha más seguridad y la capacidad de adoptar una posición más neutral, dejando mis interioridades al margen cuando ejerzo como terapeuta.

Complementé mi formación con Programación Neurolingüística (PNL), Arte Terapia, Sexualidad Integrativa y Reprocesamiento del Trauma.

Poder ayudar a personas y ver el cambio espectacular a positivo, reflejado en sus rostros y en sus vidas, eso no tiene precio. Me hace sentir profundamente bien. Creo que si todos nos trabajáramos internamente, el mundo estaría mucho más en paz. Sanar nuestros dolores profundos nos permite tener una vida mucho más amplia.

Me encanta mi labor como terapeuta Gestalt. Es mi granito de arena; la aportación que quiero devolver al mundo.

Equipo terapeútico

Toni

Toni Puig

Todos somos el resultado de nuestras experiencias pasadas, de lo que nos enseñaron en la infancia, de los traumas y alegrías que vivimos. En mi caso, tuve una infancia sin infancia. Suena incoherente, pero se entiende si te cuento que nací en una familia numerosa con un pequeño negocio, una librería, que estaba abierta de lunes a sábado. Todos teníamos que echar una mano y ya de pequeño, aprendí lo que es trabajar largas horas con las obligaciones que conlleva. El día de fiesta, tampoco podía «hacer de niño» porque tocaba ayudar en la limpieza de la casa.

Compaginé el trabajo de ayudante de libreros con los estudios obligatorios pero, cuando llegó el momento de decidir qué quería ser de mayor, no supe qué escoger y opté por continuar lo que me parecía que era mi camino: trabajar. Y lo hice desmesuradamente, de lunes a domingo.

Ser hijo de alguien, mi padre, con carácter autoritario y acostumbrado a dar órdenes esperando que se cumplan sin quejas ni demoras, te infunde un alto sentido de exigencia y responsabilidad contigo mismo. Así que, consciente o inconscientemente, me aplicaba a fondo en mis quehaceres laborales de manera que, en todos los puestos promocioné a categorías superiores. Pasé años dedicado al trabajo sin objetivos, más allá de los puramente económicos para poder vivir y formar mi propia familia.

Cuando decides compartir tu vida con otra persona, tus deseos y necesidades dejan de ser lo único que te mueve. De pronto, aparecen nuevos factores en la ecuación, nuevos espejos que reflejan tu interior con todas las luces y las sombras. Yo llegué ahí de golpe, sin libro de instrucciones que me indicara cómo funciona todo esto. Sin saberlo, estaba entrando en mi «noche oscura del alma».

Decidí parar a escucharme y lo hice a través de la Terapia Gestalt. Paso a paso, empecé a darme cuenta de los resortes internos, de la importancia de «hacer limpieza» en mi trastero para entender la vida y entenderme a mi mismo. El cambio fue rotundo, hasta el punto de decidir que ese era el camino que quería tomar y dediqué más de 4 años a formarme como terapeuta. Lo hice en Aula Gestalt con Albert Rams y Cristina Nadal.

Hay muchos caminos para el autoconocimiento pero yo opté por la Gestalt porque la formación te exige someterte a tratamiento durante más de 2 años. Esto me aportó, además de autoconocimiento, mucha más seguridad y la capacidad de adoptar una posición más neutral, dejando mis interioridades al margen cuando ejerzo como terapeuta.

Complementé mi formación con Programación Neurolingüística (PNL), Arte Terapia, Sexualidad Integrativa y Reprocesamiento del Trauma.

Poder ayudar a personas y ver el cambio espectacular a positivo, reflejado en sus rostros y en sus vidas, eso no tiene precio. Me hace sentir profundamente bien. Creo que si todos nos trabajáramos internamente, el mundo estaría mucho más en paz. Sanar nuestros dolores profundos nos permite tener una vida mucho más amplia.

Me encanta mi labor como terapeuta Gestalt. Es mi granito de arena; la aportación que quiero devolver al mundo.

Devi sentada

Devi Estrada

«La vida es un tránsito por diferentes territorios y la terapia es el oasis dónde parar, cuidarse y decidir una nueva dirección»

Desde la infancia he estado en contacto con la pérdida y siento que esto define cómo me he ido situando en el mundo.

Me gradué en Psicología bajo la necesidad de entender el dolor. Pero mi experiencia íntima de dolor continuaba latente y decidí realizar mi propio proceso personal. Así transité el proceso bajo la Terapia Gestalt. Mi mundo interno comenzó a hacerse válido, rompí la barrera del contacto conmigo misma y con el otro, solté y me dejé caer en el vacío, sentí una fuente de apoyo genuina y mi confianza hacia la vida se restauró. Asumí que la pérdida es una constante de la experiencia humana, ya que la vida es cambio. Comencé a comprender con el corazón y esto aclaró mi mente.

En el punto del camino en qué me encuentro sé que mi propio proceso personal y mi formación es una gran ayuda para acompañar a transitar las emociones difíciles, profundizar en el propio mundo interno, comprender los patrones caducos y emanciparse de ellos, comprometerse con la propia vida y orientarse hacia una nueva dirección. Sé que el camino es duro, por eso puedo acompañarte en el tuyo.

Graduada en Psicología Clínica, Titulada en Terapia Gestalt, formada en Movimiento Auténtico, Comunicación No Violenta, Resolución de Conflictos y Medicación Comunitaria.

Jordi Evangelista

Desde siempre me ha acompañado la sensación de no sentirme completo, de que en mí faltaba algo.
No me sentía cómodo conmigo mismo, con mi manera de relacionarme con los otros ni con mi forma de ser.
A través de la Terapia Gestalt, del proceso terapéutico y del autoconocimiento pude acercarme a mi verdad. Verdad basada en mi historia vivida, en mis experiencias y en mis vivencias, basada en mis emociones y en mi cuerpo.
Desde ahí pude comenzar a ser más sincero conmigo mismo, ser más amoroso, a respetarme y a quererme sin máscaras, con lo que traigo. He aprendido a poner luz en mis zonas oscuras y darme cuenta de que en la oscuridad también puedo bailar libremente. Proceso que me ha ofrecido la oportunidad de vivir de una manera más sana, más en calma.
He podido generar cambios en mí a través de la aceptación de todo aquello que negaba y no reconocía en mí.
A través de la Terapia Gestalt he podido dar valor a mi vida y ganar valor a la hora de hacerme responsable de ella
«La vida no es lo que te sucede, es como gestionas lo que te sucede»


En este momento presente para mi es importante aportar mi propio proceso al servicio de la terapia para acompañar a conocer y reconocer las emociones, a legitimar las vivencias y empoderarse de la propia vida más allá de la creencias limitantes. 

Andrea Torres

De pequeña quería ser detective. Nací con una condición en la vista llamada distrofia en los conos que ha determinado algunas de las grandes decisiones de mi vida. De pequeña fue difícil adaptarme al mundo, sentía que pertenecer era casi imposible, todo era un esfuerzo. Ser diferente dificultaba socializar así que desarrollé un rico mundo interior, mucha creatividad, el disfrute de la soledad entendida como un lugar seguro.

No obstante no era feliz, lo cual me llevó a una depresión muy fuerte. Hoy en día siento que fue un despertar, fue tocar fondo para poder ir hacia arriba, ir hacia la vida. Este fue mi primer contacto con la terapia y parte del tratamiento era encontrar algo que disfrutara y así llegó la música a mi vida.

La música le dio sentido a mi vida, fue un impulso para buscar otros horizontes tanto externos como internos. Mientras estudiaba en el conservatorio sentí el deseo de acercar la música a
otras personas para brindarles todo lo que yo estaba experimentado; la posibilidad de expresar aquello que no conseguía expresar con palabras en el amplio rango emocional que da la música.

 

Me decanté por la Musicoterapia, descubrí mi vocación de terapeuta y tuve muy claro que ese era el camino. Fue así como llegue a la Terapia Gestalt. Encontré una filosofía de vida y una base de intervención terapéutica muy sólida. He seguido nutriéndome a lo largo de los años del arte en sus distintas formas, especialmente de la danza y de la expresión a través de la voz y el cuerpo.

Hoy en día puedo decir que todo este recorrido me ha permitido sentirme plena, aceptar y amar mi cuerpo tal y como es, con sus limitaciones y sus potenciales.

Actualmente me dedico principalmente a la Terapia Gestalt en consulta individual y de parejas.
Llevo el proyecto Voz que Sana, una investigación que ofrezco a nivel individual y grupal sobre la voz y el movimiento como herramientas en procesos gestálticos de crecimiento personal

Colaboradores

Maica Santander

Maica Santander

La Terapia Gestalt cambió mi vida y rápido quise transmitir todos los conceptos a más personas. El primer año de formación ya tuve claro que quería montar un centro en Terrassa, mi ciudad, y aquí tienes EMOCIONART.

Durante los últimos 10 años he pasado por muchas formaciones, coaching, PNL, inteligencia emocional, análisis transaccional, movimiento auténtico, arteterapia, todas ellas para seguir conociéndome mejor, que al final es la clave para saber gestionar mi vida.

Inquieta, curiosa, impulsiva, alegre y también ansiosa, aprensiva, triste, nostálgica. Esto y mucho más en diferentes momentos de mi día a día, (si, un poco montaña rusa emocional) y por eso la Gestalt me ayudó y me ayuda tanto hoy. Creo que el cambio es la única constante en la vida y hay que adaptarse desde el amor.

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